Once de la noche en Ñuñoa: un mino de treinta recién llegado de la pega prende la cámara del notebook, saluda con un «hola, cómo están» y en un minuto ya tiene gente de Lima y de Miami en el chat. Así transmite la mayoría de los chilenos.
Chilenos en cam, a la chilena
Chile es largo, pero casi todo pasa en Santiago; el resto se reparte entre Valparaíso, Viña, Concepción y el norte minero. Transmiten en Stripchat, casi siempre solos y desde su pieza. Hay varios cientos registrados y pocos conectados a la vez, así que los que están en línea cambian de un día para otro: lo práctico es seguir a los que te gustan y volver cuando se conectan. La hora peak va de las diez a la medianoche de Santiago, cuando en Ciudad de México apenas oscurece y en Bogotá empieza la noche. Se habla rápido, con el «po» cerrando media frase, y el inglés aparece solo si llega alguien de afuera con propinas. Mirar el show público no cuesta; lo privado va en tokens.
Al otro lado de la cordillera, los gays argentinos; hacia el norte, los gays peruanos. Todo el mapa junto está en sexo gay en vivo.



