Argentina tiene una de las escenas gay más visibles del continente, y en cam se nota en el acento antes que en nada: el «che» y el voseo delatan a un argentino en la primera frase.
Chongos argentinos frente a la cámara
Transmiten en Stripchat, casi todos desde donde viven: un monoambiente en Palermo o Almagro, una pieza de estudiante en Córdoba o Rosario, el celular apoyado contra una pila de libros. Son más de mil, pero en vivo suelen ser pocos a la vez, así que lo que funciona es seguir a los que te gusten y entrar cuando avisan que están conectados. El horario fuerte es la noche de Buenos Aires, cuando en Madrid ya es madrugada y los que entran de afuera son casi todos de Estados Unidos. Chongos de gimnasio, flacos de barrio, algún daddy con bigote y, de vez en cuando, alguna pareja: el chat va en rioplatense, con el inglés justo para agradecer la propina. Mirar es gratis; el privado se paga con tokens.
En la otra orilla están los gays uruguayos; cruzando la cordillera, los gays chilenos. Y si esta noche hay pocos argentinos, el resto del mundo transmite en sexo gay en vivo.



